Fecha: marzo 19th, 2011 | Autor: Teresa Canive Maldonado | Archivado en: Entrevista, Música | Tags: entrevista, Los mares de China, Todas las calles, Toni Zenet | Sin Comentarios »
El sentido de la poesía y la magia de la música se unen en un disco que está dando más de una sorpresa a quien lo escucha. Y es que no sé si por casualidad o no, los disco de Zenet saben caer en manos que regalan álbumes a sus amigos para que entre las más privadas conversaciones, se multiplique la satisfacción que gran parte del público de nuestro país necesita llenar.
Toni es un hombre de costumbres al que le gusta lo bueno y eso se nota en su trabajo. La actividad es algo que prima en su vida por eso no ha dejado nunca de trabajar y soñar como cualquier artista. Este malagueño de 41 años es actor, pintor y músico. Su último trabajo se llama “Todas las calles” y ya prepara su siguiente y tercer álbum. Mientras, podemos disfrutar de su música y de la poesía de Javier Laguna, autor de las letras de sus exitosos y aclamados proyectos, entre los que se encuentra su primer disco, “Los Mares de China”.
El “boca a boca” es su forma de promoción y con ella ya ha capturado a miles de seguidores que prometen serle fiel.
Con la picardía y sencillez de Toni Zenet, y como si de corsarios y piratas se tratase, navego por las aguas del imaginario para descubrir cada una las historias que componen “Los Mares de China” para tomar tierra y recorrer “Todas las calles” del puerto de la música.

Tu estilo es muy particular y personal, ¿eres consciente de que has podido crear un nuevo estilo musical?
No, ni mucho menos. Creo que cada artista tiene su forma de expresarse, independientemente del género al que pertenezca. Le ocurre lo mismo a los pintores, actores, etc. Tiene mucho que ver con el acervo cultural que ha tenido cada uno de pequeño. Todas las influencias que ha tenido uno a lo largo de su vida las expresa de una manera personal.
¿Cómo definirías tu estilo personal?
Es difícil definirse a uno mismo. Podría decir que es una mezcla entre estilo sureño y anglosajón. Cuando canto me sale el sur por la boca pero también algo de estilo anglosajón que desde niño he aprendido. En definitiva, podría decir que mi estilo es un conjunto de géneros de toda la vida bajo un filtro “zenetiano”.
¿El sombrero borsalino “es por casualidad” como dice la canción? ¿Es una forma de vida?
Es una costumbre que practico desde muy joven. También he llevado de ala corta o de ala ancha. Pero me gusta ir siempre tocado con el sombrero: en invierno por la lluvia y en verano por el sol.
Generalmente Javier Laguna utiliza muchas retratos y descripciones -“Tu amor es tanto”, “Ella es la mala”, “Un beso de esos”, “Estela”- y más en este nuevo disco, por lo que ¿podrías hacernos un retrato de “Todas las calles”?
Precisamente hemos buscado una imagen del disco, un título que lo retrata. Yo lo retrataría como un paseo por los puertos. De alguna manera se representa en esa figura de ese personaje que hay en la portada con sombrero, que se baja de un barco y que “patea” las calles y se mete en los pequeños tugurios y escucha un fado si ha llegado a Lisboa, escucha un tango si ha llegado a Buenos Aires, una ranchera en Méjico o un swing en Nueva York. En definitiva, se trata de un personaje que escucha las músicas de cada puerto para después irse en el barco con esa idea dentro de sí mismo.
¿Se podría decir, entonces, que los piratas de “Los Mares de China” han tomado tierra?
De alguna manera sí. Hemos querido hacer más físico y más verdadero el sentido de “patear todas las calles”. Quizás el viaje anterior era más etéreo. Precisamente en la contraportada del disco anterior, Javier Laguna lo describe en una frase que dice algo así: Humphrey Bogart y Jean Harlow no tuvieron que salir de un plató de la Metro-GoldwynMayer para hacernos viajar a todos. De modo que dentro de un pequeño lugar se puede hacer viajar a los demás.

¿En qué calles piensas con el título “Todas las calles”?
Hay un juego mental muy interesante: siempre solemos mirar en todas las canciones a ver qué frase nos define lo que hay dentro. Así que pensamos en una canción que dice: “Todas las calles hacen esquina con la tuya”. De manera que la imagen que tengo de las calles es un tanto surrealista, es decir, que todas cualquier calle hace esquina con la tuya o que todas las músicas son la misma música, que todos los caminos llevan a Roma. De modo que por más vueltas que des estás en el mismo lugar.
¿Has experimentado otras sensaciones al crear este segundo disco que cuando grabasteis “Los mares de China”?
En cada disco las sensaciones son distintas. En el anterior grabamos en el pequeño local de Joshua Edelman y la sensación te acercaba más al trabajo con el alma, con el corazón. De alguna forma todo era más crudo, sin cocinar. Con este nuevo disco, la sensación que tengo es que hemos tenido más tiempo y más posibilidad de trabajar más el carácter de las canciones, hemos perfilado más su color y su timbre. No sé si eso es mejor o peor pero nos ha permitido darle un color muy definido a cada tema con el fin de conseguir que cada canción tenga su propia personalidad. Para mí, los temas son como peliculitas sonoras: tú eres la pantalla de manera que cuando cierras los ojos escuchas la banda sonora para que tú mismo te pongas la imagen que quieras.
¿Influencias o referencias en “Todas las calles”?
En este disco había algo nuevo que tenía muchas ganas de hacer: trabajar con los ritmos cubanos, aunque seguimos repitiendo el jazz puro o llamado jazz sureño de la costa este de Norteamérica de los años 40 ó 50, como en “¿Por qué no me dejas?”, “Piedras al Sol” o “Fue por casualidad”. Con el ritmo cubano, el “tempo arriba” nos hemos puesto más divertidos. Por ejemplo, cuando estábamos componiendo “30 de Febrero”, nos daba la sensación que pasábamos de una ciudad a otra. Era algo vertiginoso pero que nos parecía natural.
¿Y tus referencias para llegar a “Los Mares de China”?
Nunca las he tenido presentes a la hora de trabajar. Realmente lo que he intentado siempre es no tener ninguna referencia. Por ejemplo, si me gusta escuchar a Billie Holliday iba a parecerme demasiado a ella y lo mismo ocurriría con Camarón o con Chet Baker. De modo que todo ese acervo que ha crecido dentro de mí he intentado no recordarlo, sino más bien he tratado de olvidarme de cualquier referencia.
¿Te esperabas el caluroso recibimiento de tu primer disco, “Los Mares de China”, entre el público?
No, pensábamos que iba a ser un disco hecho para nosotros, que no iba a tener mucha difusión. Justo cuando empezamos el disco comenzaba también la crisis, estaba todo decayendo. Las empresas fonográficas estaban dejando de ofertar. Así que pensábamos que nos íbamos a comer el disco con patatas. Aún así quería hacerlo para mí. Buscamos financiación para que me ayudaran a terminarlo. Y gracias a la gente que está muy empeñada en que esto salga adelante, como Juan Ibáñez o Javier Liñán de Volcán Producciones entre otros, hemos salido adelante.
Cada canción puede ser un single.. ¿Fue esta la intención a la hora de crear cada tema?
Así es. Cada una de ellas está trabajada como si fuera un single: con todo el cariño y el sentimiento de que sea universal y común a todo el mundo. Además, para cada canción buscamos un timbre distinto (piano, metales, cuerdas, etc.) que no perdiese el protagonismo a lo largo de la misma. Todo ello para que en cada canción te sumergieras en un viaje distinto. En definitiva, nos fue muy difícil decidir qué single iba primero.
Sin alejarnos aún de “Los Mares de China”, ¿por qué este título y no “Un beso de esos” como el nombre de la canción que recoge esos mares?
Por lo que define. Pensamos en el resto de títulos de las canciones y nos dimos cuenta de que si a un disco le pones “Soñar contigo” parece muy romanticón, muy cursi. Pero mi disco es un poco salvaje, suena a wisky, a humo, a club, a mundo, a piratas, a corsarios etc. Mi voz suena rota. Interiormente yo soy un poco picante. Así que Javier Laguna (compositor) se dio cuenta que dentro de “Un beso de esos” había una parte muy interesante que hablaba de algo que nos gustaría hacer a los dos: soñar, tener un barco de vela y ser piratas en los mares de China. Se trata de algo imaginario que, aunque nunca hemos estado en aquellos mares, está en la cabeza de cada uno. Porque todos somos un poco piratas.
El toque cubano lo podemos disfrutar en muchas de tus melodías. Además, trabajas con Manuel Machado y Pepe Rivero, dos maestros cubanos. ¿Cómo retratas la música cubana, qué significa para ti? ¿De dónde te viene el gusto por lo cubano?
Yo me acuerdo muchísimo de La Lupe. La música cubana la escuchaba en casa y creo que de alguna manera algo de resto queda. Son influencias que quedan en la forma de expresarte. Recuerdo la canción que dice: “Teatro, la vida es puro teatro…” Y en “No lo dudes”, hay algo de todo ese imaginario que teníamos de hace muchísimo tiempo. Además con estos músicos se consigue un combo que es una maravilla, a uno le obliga a ponerse las pilas. Manuel Machado y Pepe Ribero forman parte de nuestra banda, Yelsy Heredia (contrabajo) repite en grabación, no en directo, y Moisés Porro en percusión que repite con nosotros.
¿Has estado en La Habana? ¿Qué sensaciones recibes al llegar allí?
Pues como soy de Málaga y su centro se parece mucho a La Habana vieja, al igual que Cádiz, Carlos Cano. Pasear por esas calles, por esas puertas: los mismos portales que hay en mi tierra. Estamos hablando de algo muy parecido. De hecho cuando estuve allí, a mi me llamaban “hermano“o “gitano“, mientras que generalmente a los españoles les llaman “gallegos”.
En tus conciertos me sorprende cómo le cantas a la guitarra… ¿Qué es para ti este instrumento?
Es mi armonía principal, mi compañero, la base de mis canciones, la madera de la voz. Para mi la guitarra es la base sobre la cual se sostiene todo un templo que luego puede ir sostenido por pianos, trompetas, contrabajos, etc. Pero las columnas del templo están sostenidas, básicamente, por una guitarra. El inicio de todas las canciones está hecho con una guitarra. Además, mi compañero José Taboada es mi referencia armónica a partir de la cual empieza todo. En definitiva, para mi la guitarra es todo.
Para deleitarnos con tu música, ¿qué prefieres: espacios masivos o pequeños e intimistas?
Prefiero que la gente venga a verme a mí. Es decir, cuando se mezclan los públicos en conciertos en los que actúan varios grupos, la gente que no viene a ver a Zenet, no tiene por qué estar pendiente de mí. Sin embargo, me gustan los espacios abiertos, siempre que la gente venga a ver a Zenet ya que así consigo crear un clima en donde la persona que no pueda estar en primera fila pueda disfrutar de un sonido perfecto con los matices que caracterizan al contrabajo, a la trompeta o al piano, además de apreciar mejor la actuación. Así que podría decirse que, más que el tipo de espacio, prefiero evitar los carteles heterodoxos y quedarme con los carteles ortodoxos.
Sensaciones al componer… Estoy descubriendo.
Sensaciones al cantar… Encontrando mi lugar en la canción. Al cantar hay que interiorizar las composiciones, por lo que me voy encontrando con lo que hemos hecho en la grabación.
En el momento de grabar la voz en el disco, hay ocasiones que toca repetir algún verso más de una vez para perfeccionar el tono, el timbre o el volumen. ¿Crees que estas repeticiones pueden deteriorar la frescura de la primera “toma”? Al fin y al cabo el jazz es primera vez, improvisación, frescura, espontaneidad. ¿Tienes algún truco para que se mantenga esa naturalidad?
Hoy en día se utiliza el “tac” del metrónomo para que al cortar, gracias a esta marca se sepa directamente dónde hacer el corte. Sin embargo, nuestra forma de grabar está hecha como los nativos; sin ese “tac”. Hacemos una toma y el pulso es el natural, el humano. De tal manera que el ritmo de una canción puede variar de 120 mhz a 100 mhz y subir a 150 y bajar a 90 mhz. De modo que, en este sentido no es posible trabajar con el metrónomo. Así pues, la toma buena la dejamos guardada y la que es mala, a la basura. Pero si hay alguien que tiene dudas, repetimos la toma. Se asemeja un poco a la toma de cine.
¿Es verdad que has utilizado una manta en la cabeza para que tu voz se canalizara mejor por el micrófono?
No es así exactamente. Esto ocurrió cuando grabamos “Los Mares de China” en el pequeño local de Joshua Edelman de la calle del Rosario (Madrid). En la planta que da a la calle había un estudio con el piano y los demás instrumentos, sin embargo el cantante tenía que bajar al sótano para cantar. Y con el fin de que la voz no entrara y se mezclara por los micrófonos de los demás integrantes, me colocaron unas mantas colgadas en las escaleras que absorbían mi voz cuando subía el tono. Lo grabamos así, y no por separado, porque este disco se ha hecho sin metrónomo y de manera analógica. Todos cantábamos utilizando el pulso natural del corazón como se grababa antiguamente.
Cuando escuchas el resultado de cada trabajo, ¿te quedas satisfecho plenamente con lo conseguido, o eres de los que volverían siempre a matizar y a perfeccionar más el contenido?
No. Siempre pasa el filtro por todos nosotros. Es decir, cuando estamos en el estudio somos muy democráticos y siempre llegamos a un consenso entre todos. En este caso la opinión de Juan Ibáñez con la producción musical es importante, pero también la de José Taboada y de cada uno de los músicos que están es fundamental. Si hay consenso, una vez que damos el paso a la canción, está lista, ya no hay que arrepentirse.
¿Con qué tipo de jazz te quedas?
Con todos mis respetos a los grandes maestros del jazz, yo creo que hago una parte muy popular del jazz. Aún así, me gusta todo tipo de jazz, sobre todo el jazz que llega a la gente, el jazz vocal o las love songs.
¿Cómo ves el estilo “zenetiano” en el panorama musical?
Uno de los grandes piropos que me han dicho es que para mucha gente que había perdido la confianza en la música, les he devuelto al camino. De modo que espero aportar algo con mi música a toda esta gente.
Quizás este piropo tenga algo que ver con la forma de promoción de tu disco: “el boca a boca”
Otro piropo muy bonito… Y hablando de piropos, una vez me dijeron que ocupamos un lugar en la música que estaba vacío. Esto es muy importe, hay gente que necesita que ese hueco esté relleno por alguien. Por ahí empieza el “boca a boca” y parece que yo tengo mi pequeño hueco, suficiente para empezar a trabajar.
¿Con quién harías un dúo?
No me importaría cantar con Jamie Cullum, Mickael Boulet, o hacer un bolero con los grandes de este género. Sin embargo, lo que sería imposible es hacer un dúo con aquellos que no están vivos. Me encantaría cantar con Frank Sinatra, por ejemplo. Tuve la suerte de haber trabajado con Miguel Poveda, al que admiro y respeto mucho. Creo que es el más grande dentro del género del flamenco y que está generando una serie de debates en este país acerca de la música muy importantes. Es una persona que no teme a nada porque lo hace todo con mucho sentido y respeto. Para mí fue un sueño hecho realidad. En definitiva, suelo colaborar con otros artistas porque creo que me enriquece. Recientemente, Albertucho, un poeta urbano maravilloso que tiene una formación parecida a la mía y que estuvo haciendo una presentación en la capital, me pidió que colaborara con él. También tuve la oportunidad de colaborar con Clara Montes en “Sinfónica Clara”, trabajando con una orquesta de cincuenta músicos.
Ya desde niño has estado rodeado de música, luego te inclinaste por la interpretación pero hasta el día de hoy no hemos podido disfrutar de tu nuevo y primer disco, Los Mares de China. ¿Cómo resumirías el inicio de tu camino en la música?
Siempre ha sido paralelo a mi camino como actor. Era un amor imposible que yo tenía. Me inicié como actor interpretando en el colegio El Principito de Antoine de Saint-Exupéry. Me gustó y después trabajé con buenas compañías de teatro. Me inicié en el mundo de lo audiovisual. Interpreté a un protagonista importante en el cine como El joven Picasso. Gracias a eso viajé mucho pero aquel amor siempre estaba en mi cabeza, quería hacer algo. A principios de los 90 hice algunos intentos como SUR S.A., una banda de funky andaluz que muchos grupos han hecho después. Sin embargo, quizás estábamos en el momento y lugar no adecuados. Aún así, aquella época se agotó, yo fui madurando como persona y buscando nuevos referentes para hacer una música más madura con el fin de encontrar el contexto donde expresarme.
Has trabajado desde animador de barcos, actor, mimo hasta camarero, peón de albañil, vendedor de puestos de artesanía medieval, pintor de brocha gorda, profesor de teatro y algo muy particular que no llegaste a ejercer: “Tutor de la vida”
Sí. Era vendedor de enciclopedias y debí vender una muy bien a un papá que me vio algo y me dijo: “Mira, yo si quieres te compro una enciclopedia pero quiero que le des clases a mi hijo de ética, de cómo afrontar las cosas, cómo acercarse al conocimiento, sobre metodología de estudio, en definitiva, de cómo tener una cierta responsabilidad con respecto al conocimiento”. Y desde ese momento me dije: “Toni, retírate de la venta de libros”. Así que le agradecí mucho al papé que me hiciera ese ofrecimiento pero le dije que mis miras estaban en otro lugar. Ese trabajo lo deje porque me parecía que era aprovecharse de la gente. De todas formas aunque he trabajado en muchos oficios siempre he tenido en la cabeza un objetivo: dedicarme al arte, a pesar de que la marea haya intentado llevarme de un lado a otro.
Futuros proyectos… En estos momentos estamos en plena gira: Ibiza, Almería, Galicia, Santander, etc. Tenemos previsto una presentación en el Teatro Español de Madrid el 24 de Mayo. Será en estreno grande. También estamos preparando el siguiente disco, que aún nos queda todo un año.
Un lugar del mundo… El barrio de pescadores de Pedregalejo, el lugar donde me crié en Málaga y en el que todavía hallo la paz. El olor de las sardinas hechas a la leña me retrotrae a cuando era chiquitín.
Un libro… “Los estados fallidos” de Chomsky. En general me gusta la literatura de divulgación científica y de historia. La ficción prefiero verla en cine. Acabo de comprar “Cancionero malagueño erótico-popular”. Un libro muy pequeño que contiene mucho conocimiento entrelíneas.
Una película… Por el amor imposible y por la especial dedicación a la estética y la belleza diría “Muerte en Venecia” de Luchino Visconti y por el optimismo, “Todas las mañana del mundo” de Alain Corneau con la que me sentí muy orgulloso de ser artista.
¿Qué música escucha Zenet en su casa o en el coche?
Generalmente escucho recomendaciones y no mucha música vocal moderna ya que me suelo concentrar mucho en ella y luego no la puedo soltar, lo que me impide inventar nada después. Soy un amante de la música barroca. Con Jordi Sabal no puedo evitar que se me pongan los ojos vidriosos. Pero siempre depende del contexto en el que la disfrutes. Los fines de semana en casa con mi familia, mi mujer pone ópera mientras estamos con el niño. Para una cena con los amigos ponemos jazz de los años 40 ó 50. Sin embargo, el flamenco prefiero escucharlo con otra persona a la que también le guste y que comprenda el dramatismo de Camarón.
Por último, ¿qué es lo que deseas a tus seguidores? ¿Cuál es el mensaje que te gustaría se quedaran?
Diría lo que ha dicho siempre el maestro: “cada canción habla por sí misma”. El mensaje está dentro de la canción. Es como decir a un pintor que explique su cuadro, éste ya se explica por sí mismo. Creo que nuestra música también se explica por sí misma, sólo hay que escucharla y sentirla. Está llena de amor por la música porque nosotros amamos los géneros. Además, proponemos una serie de paseos.
Texto: Teresa Canive
Fotografías: Jorge Gago