Wilco, la apoteotis. Teatro Circo Price (01-nov-2011)
Fecha: noviembre 4th, 2011 | Autor: Antonio Carralón López | Archivado en: Actualidad, Conciertos, Música | Tags: Circo Price, Concierto, Jeff Tweedy, Mikael Jorgensen, Nels Cline, Pat Sansone, Wilco | Sin Comentarios »Los conciertos suelen comenzar con energía, con fuerza. El grupo en cuestión sale a tope de entre bastidores y practica el enganche con los asistentes porque esos primeros momentos son especiales. La gente espera, el grupo se retrasa, termina una de las canciones que suenan de fondo y los más impacientes se callan y levantan la cabeza. ¿Salen ya? ¡¡Vamos!! Gritos, silbidos. Entonces el show empieza y la primera canción se presenta contundente, atronadora… Así suele ser normalmente. Quizás para algunos grupos que lo necesiten, quizás para otros a los que simplemente les guste. Luego hay otros que se alejan de convencionalismos, otros con un currículo de nota que llegan a una ciudad y empiezan su concierto con un susurro de doce minutos. Dicen que a veces hay que hacerse valer arriesgando. Si quieres vender tu negocio sube los precios, haz correr la voz de que tienes mala leche pero trabajas bien. Ponte borde, no hagas concesiones, los prisioneros son para los flojos, tú tiras a matar. Y ¿qué mejor forma de matar que suave y dulcemente?
Escuchar los doce minutos de “One Sunday Morning“, el tema con el que los americanos Wilco cierran su último disco, The Whole Love (2011) y abrieron su concierto en el Teatro Circo Price de Madrid el pasado 1 de noviembre fue como lo que se presenta en El suicidio de Marat, de Jacques-Louis David, una muerte lenta y hermosa. Así nos pasó a los 2.000 asistentes que habíamos colgado el cartel de No Hay Entradas hacía semanas y que sabíamos que con Wilco no se juega, que cuando Wilco toman los mandos no hacen prisioneros y que no tienen prisa por llegar a ningún destino porque ellos son el camino, sin importar dónde llegue éste. Bien. Carta de presentación abierta, espadas en alto. Naipes sobre la mesa y público embelesado a sabiendas de que los que fueron al Price esa noche de todos los santos no son nuevos en esto y tienen sus tablas al igual que los de Chicago. Sigamos entonces con el concierto, chicos, tenemos el viento a favor.
A esta intimista apertura le siguieron temas de su último trabajo como “Art Of The Almost” o “I Might” y otras antiguas como “At Least That’s What You Said” o “Poor Places“. Todo bien hasta que le toca el turno a “Via Chicago” con la que, después de veinte minutos de relativa calma, llega la segunda estocada al descubrir, atónitos nosotros, cómo se pueden integrar una preciosa balada en boca y cuerdas de Jeff Tweedy con una locura al más puro estilo Sonic Youth de los otros cinco componentes. Y no me refiero a un ten con ten, un ahora tú y luego nosotros, no. Todo a la vez. Apoteótico… Sí, apoteótico con T. Hay que arriesgarse e inventar nuevos adjetivos para definir cosas como ésta. Impresionante…
Después, con el rival en estado de shock, llegaron la elegantísima “Jesus, Etc.” e “Impossible Germany” o la maravillosa combinación de ¡tres guitarras, oiga! sin dejar que una sonara más o menos de la cuenta hasta que dos de ellas se apagan para dar paso a los excéntricos, rápidos y originales dedos del que toca la tercera, Nels Cline, cerrando el tema con un cautivador y sorprendente solo. Apoteótico, sí. Apoteótico con T. Que lo que significa Wilco mantenga en sus filas a este tipo que las engrosa desde 2004 porque aporta una intensidad muy enriquecedora. Y pido esto porque él mismo se define como un “actor del método” y eso, quizás, huela a mercenario.
Enriquecedora también fue la variedad que tanto Cline (preciosa la Fender Jaguar que Kurt Cobain popularizó, guitarra horizontal, guitarra blanca de doble mástil buf, qué envidia…) como el resto de sobresalientes músicos de la banda mostraron con sus herramientas. Todos cambiando de instrumento prácticamente en cada canción, el inmenso Glenn Kotche aporreando su batería con cualquier cosa que se le ocurría a parte de las, aburridas, pensaría, baquetas; Tweedy, ora eléctrica, ora acústica; Pat Sansone y Mikael Jorgensen adueñándose con honores del calificativo de multiinstrumentalistas, convirtiendo entre todos el escenario en un banquete de exquisito gusto donde comer variados y perfectos sonidos, porque encima sonaba muy bien, enmarcados en un ambiente elegante y de etiqueta por cortesía del atrezzo del escenario y del propio Circo Price con su grada circular y su idiosincrasia teatral. Elegante y de etiqueta… Claro. De ahí el alto precio de la entrada. Pero habíamos hablado de subir los precios para dar valor a la marca ¿verdad? Pues eso.
El final de la primera parte llegó con “Shot In The Arm“, un clásico acompañado por un público entregado coreando sus versos. Final apoteótico, con T, al que siguió la obligada pausa china para que los músicos descansaran y se hicieran de rogar, en nuestro caso con los poco apropiados oeoeoeoe. No. No me gustaron los oeoeoeoe. No los canté. ¿Por qué sí lo hago con Foo Fighters y no con Wilco? Porque, como ya he dicho, hay que dar valor a la marca y yo lo hice presentándome con jersey y gafas cuando para ver a los esbirros de Dave Grohl lo hago en Adidas Gazelle y camiseta guarra dispuesto a romperme una ceja, pero no las gafas. Como diría Thom Yorke, Everything In Its Right Place.
Así, tras más de hora y media de éxtasis, reaparecieron y se despidieron con, respétese el órden que está hecho a propósito, “Heavy Metal Drummer, The Late Greats,I’m the Man Who Loves You, Red-Eyed and Blue y I Got You (At the End of the Century)“… Apoteótico, fíjese en la T. Empezar con un susurro y acabar con un grito tiene su aquel. Wilco tienen su aquel. El Teatro Circo Price tiene su aquel. A veces la vida tiene sus aquellos.
Por Antonio Carralón




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