Delhi, el orden que surge del caos
Fecha: julio 11th, 2012 | Autor: Babel | Archivado en: Literatura, Viajes | Tags: india, Viajes, Vieja Delhi | 3 Comentarios »La llegada fue sombría, inquietante por el temor a lo desconocido y por la caída de la madrugada. El calor, asfixiante; en verdad que se agarraba a la camisa y la utilizaba como adhesivo hacia mi cuerpo y al mismo tiempo jugaba con mis gafas para convertir lo transparente en traslúcido. Una sonrisa amable me recibió en el aeropuerto con el nombre de mi alojamiento insertado en una pancarta. La sonrisa portaba un bigote negro y denso y una tez oscura, que no negra. Su portador me hizo indicaciones de espera y desapareció repentinamente. Tras una prolongada espera, al menos en mi cerebro, varias, diversas y clonadas sonrisas ávidas de turistas aparecieron en mi círculo de seguridad señalando hacia sus coches que para más inri eran todos iguales, a saber negros y de techo amarillo…inhalación, exhalación, inhalación, exhalación hasta que en un momento dado ambas se interrumpían sin remisión y, por fin, hallé a mi sonrisa. Podría haber sido cualquiera de ellas. Tras una ardua tarea de reconocimiento del conductor contratado para el traslado hacia mi lugar de descanso el viaje en coche me transportó a la cruda realidad, no a la usual, no a mi realidad tergiversada por caprichos del destino sino a la verdadera realidad.
La ciudad estaba totalmente a oscuras, uno se sentía empequeñecido como cuando éramos infantes y el miedo a la oscuridad era nuestra mayor preocupación; las vacas, famélicas y de difícil percepción, campaban a sus anchas por el medio de la carretera provocando continuos y repentinos cambios de dirección del conductor; lo más impactante era ver, bajo el manto de la oscuridad, cómo en medio de la calzada decenas de cuerpos yacían imperturbables ante lo que les rodeaba, acostumbrados a esta desdichada rutina. Tras un tránsito tétrico, el hostal me esperaba en un soportal lúgubre bajo la vigilancia de un hombre de avanzada edad de bigote cano y disfrazado de militar. El lugar era austero, extremadamente austero, oscuro, profundamente oscuro y la tensión se apoderó de mí, de mi sombra, de mi estancia. Perdido, me miré en mi reflejo y acongojados ambos, nos preguntamos el motivo del viaje. Aprendizaje, nos dijimos evidentemente sin palabras, pues hay miradas que llenan espacios y palabras que los matan.
El velo de la noche dio paso a la luz de la mañana, la ausencia de vida nocturna tornó en una explosión vital diurna donde la felicidad existe porque se acepta lo que no se espera porque en realidad no se espera nada ni a nadie…
En medio de la calzada decenas de cuerpos yacían imperturbables ante lo que les rodeaba, acostumbrados a esta desdichada rutina
El tráfico no era denso, era simplemente caótico aunque un caos simple es algo simplemente complejo; decenas de bocinas de vehículos, qué digo yo, centenas soplaban intensamente pidiendo paso ante el desconcierto automovilístico que estaba viviendo. La calle vivía un ir y venir de bicicletas, motocicletas, coches, rickshaws, tuk-tuk e incluso animales que transitaban de modo anárquico pero organizado por la calzada o lo que quedaba de ella. Yo caminaba en paralelo por el fragmento de acera que se asomaba en la zona lateral del pavimento sin parpadear, prestando absoluta atención a la maravillosa y extraordinaria experiencia de la que era partícipe aunque fuese como invitado. Mientras tanto, algunos niños se acercaban pidiendo un puñado de rupias y me perseguían insistentemente durante parte del trayecto con la esperanza de lograr el botín de la mañana, triste e injusto destino del destino; en otro momento, un viejo harapiento sentado de cuclillas observaba, no dejaba de observar impasible, indiferente, resignado.
La Vieja Delhi representa el caos absoluto, un caos donde la religión, la cultura, el contraste conviven con tolerancia. Todo, absolutamente todo lo que se pueda sentir en cualquier rincón de India, exceptuando Calcuta, se multiplica en esta parte de la capital. Tras sentir los incesantes latidos de esta ciudad bajo mis pies durante buena parte de la mañana, decidí subirme a un auto-rickshaw, lo que se conoce familiarmente como tuk-tuk. Después de dilucidar que la afirmación hindi de Delhi puede ser un sí, un no o un quizás, obvié el continuo movimiento lateral de cabeza del conductor y me lancé al interior del vehículo tras entender que un paso hacia adelante es terreno ganado pues siempre hay tiempo (y espacio) para darlo hacia atrás. Desde el interior de este artefacto con ruedas la India se ve de otra manera, ni mejor ni peor, solo de manera diferente.
Parado en el semáforo, una mujer se acercó pidiendo una rupia cuando reparé en sus manos y mis ojos se percataron que lo que se suponían dedos eran llagas, manchas, tubérculos cutáneos de las falanges producto de la lepra, y me mantuve imperturbable, asustado en mi interior, separado por un biombo de ficción mental que me aleja de este mundo el suyo, no el mío. Entretanto, en la calzada, una motocicleta llevaba a una familia de cuatro, el padre manejaba la moto y los niños se acoplaban entre él y su madre, quien a su vez sostenía un paraguas que les privara del incisivo sol de la mañana; los tenderos se sonreían y cuchicheaban con el codo ante el paso de cualquier turista, saris y tapices inundaban de color las tiendas mientras la vida transcurría envuelta por el fuete olor del incienso, elemento perenne ante aquel continuo movimiento.
La Vieja Delhi representa el caos absoluto, un caos donde la religión, la cultura, el contraste conviven con tolerancia
Diversos, diferentes, selectos y no tan selectos aromas se introducían en mi nariz según deambulaba por la Vieja Delhi, los aromas se confundían con la pestilencia creando una atmósfera genuina, singular donde la indiferencia no tenía cabida, ¡la India olía a vida! una vida de contrastes, de felicidad, de penuria, de riqueza y de miseria, de vida, muerte y reencarnación, de esperanza y desasosiego, la India es un caos organizado que aborreces o te engancha para siempre.
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Texto: Babel



Despues del tenernos en espera durante mas de un mes, hasta que has conseguido aclararte, lo has hecho y de que manera. Bueno, muy bueno; y recuerda lo dicho “un paso hacia adelante es terreno ganado”
¡Muy bueno David! Has sido capaz de transportarme y hacerme sentir una ciudad donde nunca he estado. Un relato magnífico ¡enhorabuena!.
Gracias a ambos por las críticas. India tiene la capacidad de no dejar indiferente a nadie. Si bien Mumbai es la puerta de la India, capital financiera y ciudad portuaria del país además de albergar a la industria cinematográfica del país, Delhi tiene la Vieja Delhi amén de otros lugares realmente interesantes y de ser el lugar donde puedes iniciar un increíble viaje hacia Rajastán, Cachemira,…