Fecha: enero 22nd, 2013 | Autor: Esther Lopera | Archivado en: Conciertos, Música | Tags: Apolo, chanson françoise, Concierto, Dominique A, Green Ufos, Sala Apolo, Vers les lueurs | Sin Comentarios »

© Esther Lopera
Lo habíamos avisado. Un aniversario es un aniversario y Dominique Ané tenía el fácil encargo de ser el alma de la fiesta de Green Ufos. La sala Apolo de Barcelona estaba a reventar de fieles seguidores y es que el compositor francés había dejado más que un buen sabor de boca en su última actuación en el Primavera Sound’12. Tras facturar un disco que se antoja algo complejo por su eclecticismo, Vers Les Lueurs (2012), nuestro calvo favorito se presentó esta vez con un nuevo formato: un bajo, dos guitarras, batería y teclados, con lo que se intuía íbamos a presenciar un buen concierto de puro rock galo, quizás alejado del espectáculo de cámara que aportaba la sección de viento de su última gira.
Dominique abrió el concierto, bajo una luz intimista, con “Plaines des sables”, que sonó bellísima con tan solo unos acordes de guitarra y teclado, bien aliñado con su masculina y lírica voz. Se ganó al público desde el segundo uno, gracias a sus intervenciones en las que hacía uso de un español afrancesado que lo cargaba de encanto. “Contre un arbre”, “Ostinato” o “Vers le bleu”, o la aclamada “Close West” se presentaron con un sonido reforzado por las guitarras que tuvieron la ardua tarea de suplir los detalles de los oboes, saxo, flautas y clarinetes. Lo cierto es que no se echaron de menos y el repertorio ganó potencia en el directo. El concierto avanzó con un set-list a gusto del consumidor que repasó su extensa carrera, aunque quizás las canciones que arrancaron el entusiasmo de los fans fueron las de su trabajo más remarcable “La Musique” (2010). Así, “Le sens” e “Immortels” protagonizaron dos momentazos del concierto, con perdón de “Hasta que el cuerpo aguante”, acompañadas en todo momento de esa coreografía que el compositor nos regala con sus brazos, a juego de un ligero pero seguro movimiento de cadera, detalles que lo transforman en un cuarentón elegante y peculiar a la par.
Entre contoneos de brazos y cadera -alguien decía por ahí que el bueno de Dominique acabaría con una tendinitis en los brazos- también tuvo tiempo de repasar grandes clásicos de estilo más cabaretero como “Le twenty two bar” o “Le métier de faussaire”. Y por escoger algún momento, me atrevo a decir que a muchos se nos erizaron los pelillos cuando monsieur interpretó la épica “Pour le pau”, en el primer bis. Y los que aguantaban la lagrimilla, acabaron por derretirse con el tema de despedida: “Les hauts quartiers de peine”, una preciosa balada al mas puro estilo de la clásica chanson francesa de los 60.

© Esther Lopera
Al finalizar, mientras los más devotos esperaban a que el protagonista de la noche firmara sus vinilos, gran parte del público iba abandonando la sala murmurando la misma frase: “Pues el del Primavera fue mejor”. Bien, a todos esos desgraciados que no pudisteis disfrutar de su anterior gira –grupo en el que yo me incluyo- no os preocupéis: podemos morir tranquilos, pues el del Apolo, digan lo que digan, fue un gran concierto.
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Texto: Esther Lopera
Fecha: diciembre 5th, 2012 | Autor: Esther Lopera | Archivado en: Actualidad, Conciertos, Música | Tags: Concierto, Cranes, Crónica de concierto, Salamandra 2 | Sin Comentarios »
Prometía ser una gran velada y no defraudaron. Los británicos Cranes se emplazaron en la Salamandra 2, del Hospitalet de Llobregat (Barcelona), una pequeña y acogedora sala que no destaca por su sonido pero sí por su jugosa programación de conciertos indies. La bella Allison Shaw, única representante en activo de la mítica banda que se formó a finales de los 80, subió al escenario cual ninfa del dream-pop, desprendiendo un halo de misterio y ternura que enseguida conectó con el público, un público respetuoso, cálido y muy pero que muy fan.
 © Esther Lopera |
 © Esther Lopera |
Los allí presentes, que no superábamos el centenar, quedamos deleitados desde el minuto uno por la voz aniñada de la ninfa de Portsmouth, que venía acompañada por una banda sólida: teclado, bajo, guitarra y batería. Empezaron su amplio repertorio con “Light Song”, de su penúltimo disco Particles and waves (2010), una balada que aunque no se sitúa a la altura de sus grandes hits, permitió a la banda acercarse a una audiencia que ya se avistaba con ganas de darlo todo. El primer momentazo del concierto llegó con “Shining Road”, de su disco más shoegazing, Loved (1994), donde la líder tocaba tímidamente un pequeño teclado que aportaba ese carácter naif y experimental sin pretensiones, que tan bien les define. Mientras se empezaban a escuchar los primeros vítores a la extraña belleza de la protagonista del show, las canciones fueron arrancando, hasta dar en la diana con temazos tan personales como “Lilies”, en los que se respiraba la fina rabia de sus guitarras. La carrera continuó con los pertenecientes a su ópera prima Fuse (1986), que fueron la sorpresa gracias a una reinterpretación que cuidaba los detalles, creando un ambiente casi asfixiante, oscuro y con muy mala hostia.
Mención aparte merecen el repaso a su disco más famoso Forever (1990): “Faraway”, “Clear”, “Jewel” y la esperada “Everywhere”, con la que cerraron su concierto, consiguieron arrancar las lagrimillas de muchos. Sí, hay quien lanzó al escenario un osito de peluche y una florecilla, envuelta en una carta de amor. Y sí, me apuesto el cuello a que más de uno fantaseaba con raptar a esa mujer y esconderla en su casa, cual muñeca de porcelana.
Con todo, Allison nos recordó que es necesario reivindicar el mérito de un grupo como Cranes, que captaron de una manera muy particular la transición musical vivida a principios de los 80, mientras algunos se desgañitaban intentando definir su sonido y encasillarles con etiquetas facilonas. Pero, quizá el objetivo de la banda era que 40 años después su música sonara con la misma honestidad y personalidad de siempre. Sin ningún tipo de duda, las grullas ofrecieron una actuación memorable y lograron que nos olvidáramos de quienes somos para adentrarnos en su particular bosque.
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Texto: Esther Lopera y Darío Aguilera
Fecha: noviembre 5th, 2012 | Autor: Esther Lopera | Archivado en: Actualidad, Conciertos, Música | Tags: Apolo, Concierto, Primavera Sound, Sala Apolo, TWIN SHADOW | Sin Comentarios »

© Esther Lopera
Los neoyorkinos Twin Shadow llegaron a Barcelona, tras su paso por Madrid en junio en el Día De La Música, con su segundo álbum: Confess (2012), catalogado por la crítica como uno de los discos del año. Las expectativas eran altas, muy altas, sobretodo para todos aquellos new-wave que no habían tenido la oportunidad de disfrutar del directo de la banda. Quizás porque era un lunes, quizás porque nuestros bolsillos empiezan a flojear, la Sala Apolo aparecía algo desangelada a pesar de que el amado Dj Coco, residente de la Sala 2, había intentado calentar el ambiente previamente con una de sus trendy-sessions.
George Lewis Jr, de origen dominicano y líder de Twin Shadow, apareció entre sombras en el escenario junto a una banda totalmente ecléctica. Se posicionaron y se calzaron sus instrumentos, cada uno de ellos encarnando una estética distinta en sintonía con la música que esta banda destila: un machambrado inteligente de sonidos reciclados de los 80 bien mezclados y transportados a la actualidad.

© Esther Lopera
El concierto empezó con Golden Light, aunque la luz que envolvió el tema no fue demasiado dorada, si tenemos en cuenta que la banda no encajó con demasía, si bien el dominicano Lewis puso todo su empeño en cautivar con su voz a un público que se mantuvo frío desde el principio. No ayudó un set-list que colocó The One en tercer lugar, interpretada en formato acústico, lo que dejó el protagonismo absoluto a George. Lejos de emocionar y con algo de postureo innecesario, en su defensa hay que decir que su fuerza vocal aquí fue impoluta. Por suerte y casi como un atropello le siguió Five Seconds, hit por excelencia, que consiguió arrancar el baile de los de la primera fila. Y aunque no sonó brillante, quizás fue lo mejor de la noche. Tampoco los diálogos que el dominicano intercalaba entre canción y canción, buscando el calor de su público, consiguieron cambiar el rumbo de lo que ya se divisaba como un concierto mediocre. Aún así, los temas de su primer álbum Forget (2010) consiguieron despuntar en algunos instantes, sobretodo con Slow y la que fue la canción que cerraría el set: Tyrant Destroyed que aún siendo de las más oscuras aportó un poco de luz al show. Y tras un bis prescindible el público se retiraba con muecas de decepción, mientras cuatro personajes atiborrados de química pura seguían bailando ante el escenario vacío.
Una vez admitido que Confess es uno de los discos más ágiles, efectivos y bailongos publicados este año, ya no nos queda otra que revelar que en esta ocasión Twin Shadow fue la sombra de su propio nombre. A Lewis y su banda les queda mucho trecho por andar para convertirse en todo lo que prometían ser. ¿Nos acordaremos de ellos en 2013?
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Texto: Esther Lopera
Fecha: octubre 6th, 2012 | Autor: Antonio Carralón López | Archivado en: Actualidad, Conciertos, Música | Tags: Concierto, La Riviera, Refused | Sin Comentarios »

© Antonio Carralón
La vuelta a los escenarios de los suecos Refused después de su sonada disolución en 1998 tras un incendiario comunicado en el que instaban a todos los periódicos a quemar sus fotografías ha sido vista y juzgada desde todos los ángulos pasando de la ilusión por volver a verles en directo al menosprecio por hacer todo lo que siempre habían criticado en sus incisivas, activistas y críticas letras y declaraciones. Está claro que esta vuelta ha sido por dinero aunque Dennis Lyxzén repitiera ayer sentidamente que ellos estaban allí por el público, por todos nosotros que, por cierto, no llegamos a llenar La Riviera así que la verdad por delante y las cositas claras.
Bien, una vez hecho el juicio me voy a cambiar el traje y poner las zapatillas de fan ferviente para afirmar categóricamente que el de ayer fue uno de los mejores directos que han pasado por La Riviera este año. Pese a sus diferencias personales, pese a la hipocresía que ha empañado el legado de una de las mejores bandas de punk de los años noventa, pese a la subida del IVA y el mini de cerveza a casi diez euros, Refused ofrecieron un espectáculo a la altura de sí mismos. Energía desbocada, aparente buen ambiente entre los miembros de la banda y un sonido insólitamente perfecto para un antro como La Riviera combatieron esa sensación de desilusión que planea en torno a la banda y es que ver a Refused en directo es un regalo para todo entusiasta de la música en vivo porque sus temas penetran hasta dentro y porque Lyxzén es uno de los mejores frontman que hay. Conecta con el público a la perfección -hasta hacerse un poco pesado en sus circunloquios- sigue teniendo un chorro de voz brutal y se mueve por el escenario como una lagartija.
 © Antonio Carralón |
 © Antonio Carralón |
Tras el paso sin pena ni gloria de Mokhsa con el patio vacío y Buena Esperanza con un sonido horrible, el set list estuvo claramente dominado por los temas de su ultimo álbum, The Shape of Punk to Come (1998) y sonaron como muchos no nos esperábamos que fueran a sonar, brutales: Summerholyday Vs. Punkroutine, Refused Are Fucking Dead, The Deadly Rhythm (con homenaje al T.V. Eye de los Stooges incluido) New Noise, Tannhäuser / Derivè… Pero también hubo lugar para piezas de sus dos primeros trabajos como Circle Pit (que el público acogió haciendo uno) o Hook Line And Sinker.
La sensación, en definitiva, ha sido muy buena y el cuerpo se queda con el regusto de haber estado en uno de los momentos mágicos -y vuelvo a repetir, pese a ser una vuelta a los escenarios exclusivamente por la pasta- que tiene ésto de la música entre tanto ataque a la cultura, tanto menosprecio a la compra/venta de discos y tanto Melendi haciendo de jurado en un programa de nuevos talentos. Así que, ¡bien alto! Refused are not fucking dead, long live Refused!
Más fotos del concierto aquí.
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Texto: Antonio Carralón
Fecha: septiembre 6th, 2012 | Autor: Antonio Carralón López | Archivado en: Actualidad, Conciertos, Música | Tags: Blunderbuss, Concierto, Jack White, La Riviera, The Buzzards | Sin Comentarios »

© Andrea Suárez Saucedo
Jack White ha conseguido con 37 años y un único trabajo discográfico en solitario lo que otros hacen con 60 y diez o doce discos a sus espaldas: ser considerado una leyenda. Esto tiene truco porque el de Detroit tiene un dilatado pasado musical compuesto por seis discos con The White Stripes, otros dos con The Raconteurs y otros dos con The Dead Weather. También tiene unos holgados presente y futuro por lo sobrado para lo que han de seguir conteniendo a la vista de cómo va su carrera musical pues sitio hay, por descontado, para más grandes discos, esté o no dentro de una banda.
El pasado sábado tocaba presentar ese primer disco en solitario, el laureado Blunderbuss (2012), en una abarrotada Riviera que, una vez más, no estuvo a la altura. El local y el sonido fueron los responsables de que el que podía haber sido concierto del año, quedara en un concierto enorme, pero no en el del año… Lo malo es que en Madrid estamos acostumbrados a estas trabas y pasamos sobre ellas ciega e inconscientemente, tristes y sedados nosotros. Así que mientras los responsables abren los ojos, quede para ellos nuestra nueva queja y para nosotros la parte positiva de la experiencia que paso a detallar y disfrutar.
Mr. White se levantó con los Buzzards en la cabeza y fueron así los elegidos para acompañarle sobre el escenario de igual manera que un día después en la sala Razzmatazz (a la que La Riviera mira muy, muy desde abajo) de Barcelona se decantara por las Peacocks y es que en esta gira se hace acompañar de ambas bandas (la primera de hombres, la segunda de mujeres) y cada día decide con quien tocar. Los temas nuevos sonaron muy potentes, demasiado en la mayoría de ocasiones. Así la guitarra de Sixteen Saltines, que abrió la noche, si ya está pasada de saturación en el disco, en la Riviera fue infernal y los solos de temas como Freedom at 21 o Weep Themselves To Sleep se perdieron entre tanto abarrotamiento. Pero sobre las tablas se vieron una actitud y un talento de una magnitud tal que convertía a sus responsables en más valiosos aun a pesar de las inclemencias del contexto. Una profesional y elegante actitud tanto en él, que ya se presuponía, como en los Buzzards que supieron presumir de una energía y un saber seguir al líder abrumadores.
Como el repertorio en solitario sólo incluía un disco salieron a la palestra varias piezas de sus bandas pasadas para deleite de los más eruditos en la materia como Steady As She Goes de los Raconteurs o Cut Like A Bufallo de The Dead Weather. Pero, claro, los momentos de mayor jolgorio se los llevaron los temas de los White Stripes con una más que psicodélica The Hardest Button To Button y una despedida un poquito vergonzosa con la archiconocida Seven Nation Army, entre otras, que en directo se ha convertido, por desgracia, en himno de grada de estadio donde la mayoría de los asistentes (entre los que me incluyo, sí) se dedican a corear el lo, lo lo, lo lo looooooo lo y a no escuchar al artista.
Si tuviera que quedarme con un momento del show, sería, sin duda, aquel en el que en Catch Hell Blues, de los White Stripes, se juntaron todas las virtudes que podrían haber hecho de éste el concierto del año: Actitud, energía, manejo de los tiempos y, por consiguiente, de la audiencia y técnica. Momento cumbre de los directos del año en la maltrecha capital que tendremos que recordar de forma aislada y no enmarcado en un recinto y sonidos que alguien como Jack White no se merece.
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Texto: Antonio Carralón
Fecha: mayo 7th, 2012 | Autor: Antonio Carralón López | Archivado en: Actualidad, Conciertos | Tags: Concierto, Giradiscos, Karma To Burn, Nasti Club | Sin Comentarios »

© Antonio Carralón
La del sábado fue una noche extraña y curiosa. Todo empezó con una buena metedura de pata cometida por el que escribe y que nunca contaré aquí por si mi madre me lee y se decepciona. El caso es que por motivos de los que nunca hablaré aquí por si mi padre lo lee y se avergüenza, tuve que presentarme en el pequeño, coqueto y fatalmente iluminado Nasti Club de Madrid (lo siento, pero también hago fotos) dos horas antes del inicio del concierto de los estadounidenses Karma To Burn y, claro, dos horas dan para mucho, como por ejemplo para encontrarse a William Mecum y Rich Mullins, bajista y guitarrista de la banda, merodeando por los alrededores empapados hasta la médula bajo la intensa lluvia sin saber donde estaba el lugar en el que tenían que tocar y acompañarles a la puerta, o para hacer migas con el tipo de las camisetas mientras Craneón, los teloneros, hacían su prueba de sonido, o para meterse en el backstage y hacerse unas fotos con Rob Oswald, el batería, y descubrir que tiene escrito a bolígrafo en su brazo el nombre de mi amigo que iba a entrar como invitado en su lista por historias de otra amiga común, o, y ésto ya es el colmo, para acompañar a la furgoneta de la gira a buscar un garaje donde guardarla (era enorme), no encontrarlo y devolverme a la sala por no haber resuelto lo que fui a hacer dos horas antes… En fin, como el propio conductor me dijo, las giras y las vidas en torno a Karma To Burn son so weird así que lo mejor fue dejarse llevar y así hice y todo salió bien. Me dejé llevar y acabé donde tenía pensado escuchando lo que quería escuchar y haciendo las fotos que quería hacer.
 © Antonio Carralón |
 © Antonio Carralón |
El paso por el Nasti Club de Karma To Burn, el referente más actual del stoner rock que se está haciendo actualmente (aunque personalmente creo que están bastante alejados del stoner rock clásico que bandas como Kyuss hicieron en su momento) fue, como todos esperábamos y como no podía ser de ninguna otra manera, como cuando los tornados arrasan las endebles casas de madera de Morgantown, en Virginia occidental, su localidad natal. Es estar en el porche de tu granja viendo crecer los pastos y de repente salir volando por los aires. El fuego lo abrieron Craneón, un muy interesante trío de Madrid de cuyos instrumentos (de los tres) emana un rock potente y de calidad pero que, por ponerle un pero porque sonaron genial, quizás tengan que trabajarse un poco más las voces. Acto seguido salieron los tres Morgantownianos y se pusieron, sin prisa, con complicidad ante sus fans, a montar sus equipos y hacer in situ la prueba de sonido y es que como dice Jorge Cristoveanu, bajista de los Craneón, Life is Rock y estos tipos son rock, sin duda. Por eso, por su actitud antes, durante y después del concierto, por la interacción con el público, por dejar a la gente subir al escenario a grabar y echar fotos o por mandar al cuerno eso de “los fotógrafos, las tres primeras canciones sin flash” (Y menos mal porque si anoche no puedo usar el flash me toca ilustrar el artículo con fotos de Google…) Y pensar que otros grupos te hacen firmar un contrato para hacer fotos en sus conciertos. Life is rock!
En cuanto a la música en sí, Karma To Burn estaban presentando los temas de su disco del año pasado, V, y son unos animales sobre el escenario cuyos temas exclusivamente instrumentales (menos alguno que otro de hace ya mucho, mucho tiempo) se caracterizan por la enorme presencia de cada uno de los tres instrumentos, bajo, guitarra y batería. Son temas de los que cuando se es chaval y se empieza a tocar la guitarra eléctrica te encantaría sacar y que si sacas uno ahí se queda, pues ellos no lo dejan ahí, ellos lo transforman en potentes y complejas piezas que, sumadas a la planta que tienen bajo los focos contagian a todos de rock, de actitud, de forma de vida y de vamos a hincharnos a cerveza que estos bestias se lo merecen. Life is rock, fuck yeah!
Galería de fotos del concierto aquí
Texto y fotografías: Antonio Carralón
Fecha: abril 20th, 2012 | Autor: Antonio Carralón López | Archivado en: Actualidad, Conciertos, Música | Tags: Concierto, Guild, Rocky Votolato, Siroco, Television of Saints | Sin Comentarios »

© Antonio Carralón
La carrera musical de Rocky Votolato es de esas que gustan. Tuvo el privilegio de vivir en primera persona el movimiento musical post-grunge de Seattle a finales de los años noventa de la mano de Waxwing con los que llegó a tener un considerable éxito y con los que giró por todos los Estados Unidos. Actualmente, con 36 años y habiendo dejado atrás esa etapa, es uno de los cantautores más reconocidos dentro del círculo underground y ese es un valor doble porque es, por un lado, uno de los cantautores más reconocidos y por el otro lo es dentro del círculo underground. Si eres cantautor has de ser reconocido por los más críticos y eruditos y eso se da dentro del círculo underground Si no, eres una farsa. Un cantautor no puede (no debe) llorar sus penas en un arena delante de 15.000 personas, tiene que hacerlo en salones, en bares o, a lo sumo, en salas de menos de 200 personas porque necesita de la intimidad para desplegar su lírica. Es entonces cuando se va a sentir realizado y agradecido a un público al que es capaz de oír uno por uno cantando los estribillos de sus canciones. Así se sintió Rocky Votolato el pasado 17 de abril en la sala Siroco de Madrid cuando desde sus zapatos, sobre el escenario más intimista y sencillo posible, pedía a la audiencia que le ayudara con algún tema y podía acertar el tono de la garganta del tipo de la camisa roja de la segunda fila o cuándo la chica del flequillo negro de un poco más atrás dejaba de cantar para beber su cerveza.

© Antonio Carralón
Tras pasar previamente por Bilbao, Ourense y Barcelona presentando su último trabajo: Television of Saints (2012), aterrizaba por primera vez en la capital y por cómo se le vio y cómo lo agradeció, no va a ser la última. Armado únicamente con una viejísima Guild del 64 que tenía que afinar cada dos temas y un par de armónicas que cambiaba y tocaba con fruición, tardó unas pocas canciones en conseguir el sonido deseado (él y el tipo de la mesa de sonido al que no dejó descansar hasta conseguirlo) pero lo hizo y desde entonces la intensidad del concierto y el bienestar tanto del artista como del público se asentaron en la cota más alta de la noche dejando la ciudad, los ruidos y las discusiones a la altura de los caballos. Es muy fácil hacer que la gente se sienta bien, bastan un par de instrumentos, una garganta prodigiosa y un talento por el que John Dillinger robaría y Hengis Kan mataría. Una vez más se echó de menos un contexto algo más pertinente habiendo teatros tan apropiados en Madrid pero hoy no vamos a poner ni peros ni pegas porque apetece dejarse embaucar por la música de Rocky Votolato hasta llegar a la ceguera. No se los merece y el agradecimiento que desprendió entre cada uno de los temas que nos regaló le debe ser devuelto desmesuradamente, tanto que se abrume y vuelva pronto.
Galería de fotos del concierto aquí
Texto: Antonio Carralón
Fecha: marzo 8th, 2012 | Autor: Antonio Carralón López | Archivado en: Actualidad, Conciertos, Música | Tags: Concierto, Pulled Apart By Horses, Tough Love | Sin Comentarios »

© Antonio Carralón
Hace pocas semanas, preguntados por la epiléptica forma de comportarse sobre el escenario, los integrantes de Pulled Apart By Horses decían entre risas: “No sé qué problema tenemos pero hay algo que nos impide estar quietos más de un segundo” Pues doy fe. La energía derrochada anoche por estos bestias fue algo impresionante. Y voy a cambiar lo de derrochada. Voy a hacerlo por liberada, porque hablar de derroche es faltarle al respeto a ellos y al público que se vuelve loco en sus conciertos. Derrochar es perder, desperdiciar. Y liberar es disfrutar, regalar.
Tras el llenazo de la noche anterior con Example, la Moby Dick cambió radicalmente de tercio y registró una pobre entrada para ver el último concierto del mejor post-hardcore del mercado en forma de gira de presentación del brutal largo Tough Love (2012) que los de Leeds publicaron recien entrado el año y que tan buenas críticas les está reportando. La poca afluencia de público es injusta tanto para ellos como para los que se lo perdieron porque, hoy por hoy, el suyo es uno de los directos más divertidos y enérgicos a los que se puede asistir, y digo ésto mordiéndome la lengua para no encumbrarlo como el que más. Pero lo bueno es que pese a merecerse llenar todos los recintos por los que pasan y no hacerlo, ellos no se amilanan y les da lo mismo tocar frente a 100 que frente a 10.000. Darlo todo es su premisa, lo disfruten más o menos personas. Sin tregua ni prisioneros, sin descanso ni concesiones, cuatro tiparracos sudados haciendo el animal tocando unos riffs de los fáciles en cuanto a técnica pero de los que no se te van a ocurrir canturreando en el autobus. A tí no, pero a ellos sí.
 © Antonio Carralón |
 © Antonio Carralón |
Junto al Tough Love (2012), Pulled Apart By Horses tienen otro disco de estudio, Pulled Apart By Horses (2010) cargados ambos de vertiginosos temas con una duración media de 3 minutos entre los que me cuesta decicirme por uno u otro, qué placer… Y la puesta en escena de los mismos es la de las fotos de este artículo, energía a raudales arropada por una acústica que sobrepasa los decibelios medios de cualquier otro concierto sí o sí. Brutal, al menos eso es lo que me seguían diciendo mis tímpanos 24 horas después.
 © Antonio Carralón |
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En cuanto a los temas en cuestión, no voy a hacer la típica lista de “me gustaron éste y aquel“, sólo voy a destacar la salvaje versión que hicieron del Tourettes de Nirvana (salvaje de por sí), detalle que les vuelve más respetables aún si cabe, con lo cual invito a los lectores a abrir su gestor de temas musicales favoritos y escribir el nombre del grupo para que comprueben por sí mismos a qué me refiero cuando digo eso de energía liberada.
Galería de fotos del concierto aquí.
Texto: Antonio Carralón.
Fecha: marzo 1st, 2012 | Autor: Antonio Carralón López | Archivado en: Actualidad, Conciertos, Música | Tags: Concierto, Dawes, El Sol | Sin Comentarios »

© Antonio Carralón
Dawes confirmaron anoche en una repleta sala El Sol que han subido de división. Si con su primer disco, North Hills (2009) se descubrieron como la nueva promesa de un folk sureño que para muchos, no para el que escribe, empezaba a oler a rancio, la publicación de su segundo largo, Nothing Is Wrong (2011) les ha valido para ganar todos los partidos de la promoción y subir a primera a competir con los grandes. El Sol es una sala de contrastes, al menos cuando se llena. Por un lado tiene esos rebuscados recovecos y ese sonido que no termina de cuajar, no en una banda con tres voces, pero por otro tiene un dulce sabor a grandes momentos y puede uno moverse de delante a atrás sin molestar demasiado, algo de agradecer.

© Antonio Carralón
Calentó la noche Robert Ellis, un joven forastero con el pelo por el trasero, salido de lo más profundo, lo más profundo de Texas, virtuoso a la guitarra como él solo y con una voz más country que las espuelas. Cumplió y gustó así que, contento el público que ya llenaba el recinto y sin tiempo de ir a por otra cerveza, salieron los angelinos que, dicho sea de paso, no pueden estar más alejados de la escena musical angelina que se impuso a finales de los años ochenta y los noventa. Si Axl Rose levantara la cabeza (sí, levantara la cabeza) les hubiera dedicado ya un par de tacos. Pero estos tipos hacen folk, y folk del bueno. Con un directo ameno y divertido, demostrando que dar un concierto no es sólo subir y tocar un barullo de canciones sino divertirse y divertir al personal, se centraron en su último trabajo, olvidando, eso sí, grandes temas del primero que bien podrían haber tocado y así, de paso, no escuchar entre el público ni un -¿ya?- cuando se encendieron las luces. Pero ellos eligen el tiempo y los temas y los que eligieron para tocaron ahí arriba, bien elegidos estuvieron. Tocando Fire Away, Time Spent In Los Angeles, My Way Back Home o A Little Bit of Everything se gustaron y dejando para el final alguna de las joyitas de North Hills como el mini karaoke When My Time Comes para que cantásemos todos juntitos, conquistaron.
Muy corto y con pequeñas pero palpables dificultades de sonido por un lado y enérgico y con muy buenas sensaciones por el otro, el resultado final es de notable alto porque lo que vale es el contenido y no el envoltorio.
Texto: Antonio Carralón
Fecha: febrero 26th, 2012 | Autor: DJ Kill DJ | Archivado en: Actualidad, Conciertos, Música | Tags: Concierto, Jabalina música, Jaír Ramírez, Pumuky | Sin Comentarios »

© Antonio Carralón
Audiencia más que discreta y acogida fría en el Neu! Club (Sala Galileo) para la vuelta del canario Jaír Ramírez a Madrid. Con su aclamado Plus Ultra (Jabalina, 2011) bajo el brazo, Pumuky estrena galones y defiende posiciones en la primera división de la escena nacional, en una gira conjunta con los paisanos de GAF y La Estrella de la Muerte, uno de los grupos más inaccesibles e interesantes del panorama.
GAF basa sus conciertos en el muro existencial de sonido, con bases agobiantes y un regusto por el progresivo extremo en forma pero no en fondo. Falla la lírica, igual que en su disco, y aunque la propuesta es atractiva y su ejecución es correcta, falta energía. Uno se va con la sensación de que sobra calidad, falta fuerza y está por llegar el disco que los consagre.
Pumuky salió al escenario con toda la artillería corpórea e incorpórea y un sonido discreto. Comenzaron sin miramientos con los platos fuertes del Plus Ultra (Jabalina, 2011), disco alrededor del cual giró toda la actuación. Se presentó Jaír Ramírez con tres guitarras, tres, y aunque uno pudiera prever una maraña de noise camuflando e imperfecciones, salieron limpios y directos hasta en los momentos más complicados.

© Antonio Carralón
La voz de Jaír Ramírez se acerca bastante a los desasosiegos del disco, y pese a sus carencias y efectos, cumplió, no se escondió detrás de las guitarras, y dio buen abrigo a unas letras en estado de gracia. Mención aparte para el bajo mancuniano a lo Joy Division, con una presencia agradablemente autoritaria en el cuadro. El momento más alto del concierto llegó con Plus Ultra, el corte que da nombre al disco y que es, indudablemente, el cenit compositivo de la banda. GAF acompañaron con vientos a Pumuky en varios temas para saltar en pleno al escenario en el bis final. De El Bosque En Llamas (Jabalina, 2009) destacó la interpretación de Si Desaparezco, que es otro de esos temas que ya gozan de retiro dorado en el archivo de la fama y sobre el cual parecen sentirse como en el salón de casa.
Pumuky fue de menos a más, y aunque aún falta camino para llegar a un directo arrollador, actualmente es de lo mejor que hay en el post nacional. Los procelosos mares del existencialismo musical requieren más forma y por ahí Jaír Ramírez va por la senda correcta. Correcto y valiente. La conexión canaria-barcelonesa funciona y aunque en parte del repertorio parecen rozar la apatía técnica, hay momentos en los que se aparecen Kevin Shields o Thurston Moore. Esto es noise, shoegaze o como queramos llamarlo, pero no deja ser cocina de mercado: gran materia prima, muy poco artificio y coherencia. Mucha.

© Antonio Carralón
Galería de fotos del concierto aquí.
Texto: DJ Kill DJ